El Atlético de Madrid se ha convertido en un especialista en tomarle el pelo al Barça, sacando una clamorosa ventaja económica y deportiva en cada una de las transacciones entre ambos clubes. El primer despropósito fue cuando un Bartomeu quemado con Messi quiso debilitarlo a través de su íntimo amigo, Luis Suárez, y regaló al uruguayo a Miguel Ángel Gil a coste cero, con la excusa de que un Barcelona con altas tensiones de tesorería se ahorraría por lo menos su ficha. El caso Griezmann fue el mayor escándalo: el Barça hizo primero el ridículo, luego pagó una fortuna por finalmente ficharlo, por el camino tuvo que pagar una propina de 15 millones al Atlético para que otra vez Miguel Ángel Gil no publicara los correos electrónicos en los que el abogado de Bartomeu, José Ángel González Franco, detallaba cómo iban a repartirse las comisiones de la operación, que por torpeza mandó al dirigente colchonero; y tras resultar el francés uno de los mayores fracasos de la historia del Barcelona, el club lo devolvió al Metropolitano a precio de saldo, envuelto para regalo casi como a Luis Suárez. A pesar de la crudeza del episodio del fiasco francés, que implicó amenazas, chantajes y denuncias en los tribunales, el Barça ha vuelto a caer en la vieja telaraña atlética y, una vez más, Miguel Ángel Gil ha ganado la mano, esta vez a Joan Laporta. Con la marcha de Joao Félix, Simeone necesitaba a un ‘nueve’ y no podía esperar a final de temporada. Pensó en Memphis Depay, que quedaba libre en junio. Memphis llegó al Camp Nou de la mano de Koeman, gratis. No es que ser un fichaje del holandés le haya estigmatizado, pero nadie se ha ocupado de protegerlo, ni de darle margen para que cogiera confianza. A Laporta le pareció bien venderlo e hizo la operación sin consultarlo a Xavi, que se enteró la misma mañana en que iba a ser anunciada. Teniendo en cuenta que el jugador llegó gratis al club, los tres millones largos que el Atlético va a pagar por él pueden parecer una ganancia interesante, pero Miguel Ángel Gil otra vez ha vuelto a ganar. Al enterarse de la marcha de Memphis, Xavi exigió otro jugador a cambio y el Barcelona pagaría en junio 20 millones por Carrasco. Nadie niega que el belga sea un buen jugador, aunque cabe preguntarse si es un buen jugador para el Barça, y si el club no debería aprovechar la marcha de Memphis para liberar masa salarial y poder inscribir a futbolistas que, como Gavi, no pueden de momento tener ficha del primer equipo por el fair play financiero. Pero en cualquier caso, ‘regalar’ a un rival en estado de necesidad el jugador que desea por sólo 3 millones de euros, cuando un club en manifiesta bancarrota como el Barcelona va a esperar hasta junio para desembolsar 20 millones, es un negocio que tiene un ganador muy claro, y que vuelve a ser el propietario del Atlético de Madrid. Si el ridículo que el anterior presidente, Josep Maria Bartomeu, aceptó hacer por Griezmann se explica en los correos de su abogado, José Ángel González Franco, repartiéndose las comisiones (Miguel Ángel Gil cobró 15 millones, disfrazados de un derecho de tanteo nunca ejecutado por Saúl y Giménez, por no publicarlos), la explicación de esta desmesurada operación entre Memphis y Carrasco hay que buscarla en el mánager del todavía jugador rojiblanco, el íntimo amigo y exsocio de Laporta, Pinhas Zahavi, que también intermedió en el fichaje de Lewandowski. La amistad entre el presidente y el representante se fraguó en 2003, cuando el entonces candidato Laporta prometió el fichaje de David Beckham si ganaba las elecciones. Sabiendo que lo tenía fichado el Madrid, le pidió a Zahavi que intercediera ante el Manchester United para que el club inglés retrasara el anuncio del acuerdo con la entidad blanca. Gracias a la falsa promesa, Laporta ganó las elecciones y le devolvió el favor a su amigo fichando al absurdo portero Rustu, uno de sus representados, que naturalmente no jugó en absoluto. Mientras Laporta compromete la economía del club con dispendios que no guardan proporción con sus evidentes limitaciones financieras, las obras de remodelación del estadio de Montjuic, donde el Barça tendrá que jugar el año que viene, se han encarecido alrededor de un 50%, y los 20 millones presupuestados podrían finalmente rozar los 30.
Source: ABC