Es viernes y no hay ni rastro de revolución. Linares ejerce de ciudad media andaluza con los comercios pandémicos a medio gas y las terrazas de los bares a reventar. De la quema de hace una semana queda un murmullo. «Me da mucha rabia la imagen que se proyecta. Eso no es Linares». Fernando Martínez, ingeniero de telecomunicaciones, se siente tan alejado de los disturbios en las calles de su pueblo como de los clanes que trafican con drogas. La detención de dos policías por la paliza a Carlos Mendoza ha actuado primero como espita del hastío social y después como foco mediático, volcado en un Linares anclado al pasado. Existe, pero no es el único.

Martínez rechazó un suculento… Ver Más
Source: ABC