«Eugeniya llegó a la tres de la madrugada y ha dormido bien. Me ha contado que se siente muy arrepentida por lo que ha formado; no se imaginaba todo lo que se organizó para encontrarla… Su familia la abandona aquí y la busca tanta gente… Todo el mundo, todo el pueblo se volcó» . Entre lágrimas Renata, la encargada de la residencia Aránzazu de Pepino, a 5 kilómetros de Talavera de la Reina, agradece la respuesta de tanta gente que la tarde-noche del martes al miércoles se movilizó para hallar sana y salva a Eugeniya, que estuvo siete horas desaparecida. Ella, de 83 años, solo se expresa en su idioma natal, el ruso, y vive gracias a la caridad de este centro desde que su familia la abandonó a raíz de la pandemia del coronavirus, según cuenta Renata, una polaca que también habla ruso y perfectamente español. El caso, añade, está en manos de la Fiscalía de Toledo. La historia que emociona a esta encargada se desencadenó sobre las cinco de la tarde en un pueblo de 3.000 habitantes. Eugeniya, que se suele esconder, estaba en el jardín y salió a la calle por la puerta aprovechando la entrada de una visita, que le cedió gentilmente el paso. La anciana, que no tiene oficialmente diagnosticado Alzheimer según Renata, pudo creer que tenía autorización para abandonar el centro. Pero se desorientó en el polígono industrial donde está la residencia, una zona que no conoce, y se perdió su rastro. Acostumbrada al frío de Rusia, dice Renata, Eugeniya se marchó vistiendo un chándal, un forro polar y unas zapatillas de andar por casa. «Sobre las seis nos dimos cuenta de que faltaba y nos pusimos a buscarla por toda la residencia, hasta debajo de las camas . Primero por las instalaciones y luego con los coches por fuera. Finalmente, avisamos a la Guardia Civil porque no podíamos hacer más», cuenta la encargada. Acurrucada debajo de unas placas solares El servicio de emergencias activó un dispositivo al que se sumaron cinco patrullas de la Guardia Civil, dos de la Policía Nacional, dos bomberos de Talavera de la Reina y una treintena de voluntarios de Protección Civil de varios pueblos de la provincia, además de otros en alerta. También se unieron vecinos de Pepino; su alcalde, Inocencio Gil, y hasta el delegado provincial de Bienestar Social, Maximiliano Muñoz, que vive en Talavera. «Todo el mundo, todo el pueblo se volcó», sintetiza Renata emocionada. Se creyó equivocadamente que Eugeniya se había dirigido al embalse que da nombre a la calle, La Portiña, según había deducido el personal al verla en sus cámaras de seguridad saliendo de la residencia. «Nos centramos en buscarla en esa zona -continúa Renata-, pero estaba al otro lado». Mientras se la buscaba desesperadamente a pie, sobre las once se avisó también a un guardia civil de la Usecic para que hiciera volar un dron, que finalmente no despegó porque encontraron a Eugeniya a medianoche. «Estaba en un huerto solar muy cercano, acurrucada debajo de unas placas» , explica Renata. Realmente, se encontraba a unos cuatro kilómetros de la residencia. La importancia de comunicarse La anciana pudo expresarse en su idioma con Leticia, una voluntaria de Protección Civil de Torrijos que habla ruso y que la acompañó en una ambulancia con personal sanitario hasta el hospital de Talavera, donde la examinaron durante un par de horas antes de volver a su residencia. En este centro privado lleva Eugeniya desde que la dejaron sus familiares, que pagaron las dos primeras mensualidades. «Ellos, que viven en Alicante, nunca la visitaron, pero sí la llamaron por teléfono, hasta que dejaron de hacerlo», recuerda Retana. «En agosto vino una nieta suya con su novio. Se le pidió que se llevaran a Eugeniya, perdonándole parte de la deuda. Pero la nieta dijo que no; que su abuela estaba en un sitio adecuado y que ella no podía mantenerla en su casa». Por eso la residencia sigue corriendo con todos los gastos de la anciana, abandonada por su familia pero por la que los vecinos de un pueblo y un amplio dispositivo de emergencias se desvivieron hasta encontrarla con vida.
Source: ABC